martes, 29 de junio de 2010

primera parte

Un cigarrillo es como un amigo, cálido, relajante, divertido y al igual que un amigos es efímero. Ningún cigarrillo dura para siempre, tampoco su efecto, por más que encuentres un minuto de tranquilidad en su aroma y creas que todos los problemas que te atormentas se están yendo con el humo tarde o temprano llegaras al filtro.

Aun recuerdo mi primer cigarrillo, fue con ella, estaba llena de problemas, yo por mi parte solamente disfrutaba su compañía. Recuerdo también el cigarrillo que fume en su funeral, belmon suave, fue el más largo que jamás he probado, duro aun mas que mi vida, aun mas que el universo entero, duro lo suficiente como para verme casado con ella, ver nuestro pequeño apartamento en la séptima, ver a mi primogénita, una hermosa niña con el nombre de su madre, ver a mis nietos ingratos que nunca iban a visitarme, ver el final colmado de alegría en el cual dos viejos duermen en un fuerte abrazo y jamás despiertan.

Ese día yo estaba haciendo una maqueta, replica de uno a cien del palacio de justicia, tenia clases al día siguiente; había terminado ya la fachada cuando me llamo, me dijo que necesitaba verme, me negué, me dijo que era importante, me negué, finalmente me dijo con voz luna voz lagrimosa y entrecortada que quizás sería la última vez que nos veríamos, al escuchar eso, me reí y le dije que si en verdad era tan importante estaría allá en media hora.

Ya había pasado más de una hora cuando llegue a su casa, ella estaba sentada en el muro del balcón con las piernas hacia afuera como de costumbre fumándose un cigarrillo, - ¿por qué tardaste?- me dijo en el instante en que estuve detrás de ella, - había trancón- le respondí despectivamente, -¿me quieres?- pregunto con la tranquilidad e inocencia de una niña pequeña,-si- respondí, ella tomo una bocanada de su cigarrillo, volteo la cabeza para poder mirarme, sonrió picaronamente – pues yo te amo-y entonces salto, desapareció de mi vista sin que yo pudiera dar ningún crédito a mis ojos, no me moví, no reaccione, tampoco dije nada, quizá paso un minuto, quizá paso una hora, quizá paso aun mas, ¿cuánto tiempo necesita tu mente para asimilar lo que acaba de ocurrir?, toda la eternidad no sería suficiente para empezar a entender, mil años de quietud no podrían ser suficiente tiempo para saber que hacer a continuación, entonces sonó el teléfono, reaccione, tome mi celular y llame a la policía.

soñé con ella una vez, pero no era la misma que recordaba, usaba un largo vestido blanco que parecía brillar con una luz propia, traía el cabello recogido y sus enormes ojeras habían desaparecido, me alegre de verla, corrí hacia ella, la abrase con fuerza como si jamás pensara soltarla, por un mágico segundo cruzo por mi mente la idea de que todo volvería a la normalidad, pero entonces ella se aparto de mis brazos, se dio vuelta y empezó a correr, yo trate de alcanzarla, la perseguí por las calles de Cartagena las cuales lucían igual que el día en que las recorrimos tomados de las manos, la perseguí por los pasillos de la universidad por los que tantas veces he caminado, la perseguí en los salones de mi colegio los cuales aun tenían los grafitis que dos años atrás había pintado en ellos, pero finalmente deje de correr pues me di cuenta de que la estaba persiguiendo en mis sueños. Cuando me detuve se volvió hacia mí se mordió los labios en señal de inseguridad y luego me dijo: – deja de seguirme- -no puedo- respondí - ¿por qué? - grito con sus ojos sollozantes, - porque creo que te amo-, al oír estas palabras sonrió, se acerco hacia mí y me pasó un cigarrillo; una vez tome la primera bocanada de humo me empujo hacia el vacio y entonces desperté.

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