Es una hermosa tarde de agosto, como siempre en Bogotá hay un cielo parcialmente nublado y un viento que sopla desde las montañas y penetra hasta el más grueso abrigo de lana poniendo rosadas las mejillas. Yo por mi parte me encuentro como siempre en algún sofá de la universidad durmiendo con alguna amiga, sé muy bien que tengo bastante trabajo que hacer para la otra semana, se que esas decientas cuarentaicuatro páginas del libro que por supuesto ya he contado varias veces no van a leerse por si solas, se también que en este preciso momento la mi profesor de semiología ya debe haber notado mi ausencia y debe estar poniendo un hermoso y perfectamente redondo punto negro junto a mi nombre en la lista pero ¿Qué puedo hacer yo? Si a fin de cuentas naci gandul, eso no se elige, no te levantas un día diciendo - valla creo que desde ahora voy a ser un gandul- tampoco es algo que se contagia aunque personalmente creo que de tanto ver a aquellos que se toman la vida con calma y triunfan a un nivel que las pobres mulas de lomo partido ni siquiera se imaginan te vuelves un poco gandul.
Hay quienes nos miran con recelo y nos tratan como a la escoria de la sociedad, creen falsamente que los gandules son más idiotas que ellos y que lo más probable es que no lleguemos a ningún lado en nuestras vidas. Pues yo digo ahora que soy escuchado que se equivocan, para ser un gandul se necesita un coeficiente intelectual de al menos ciento veinticinco, se necesita también más suerte que la que podría brindar un trébol de cuatro hojas encontrado en la mitad del desierto y por supuesto un carisma que podría causar envidia aun al político más exitoso. Un gandul no es gandul por falta de ganas de vivir la vida, un gandul es gandul porque un saber tan complejo e irrechazable que no puede ser explicado con palabras ha pasado ya por su cabeza llevándose consigo el deseo de levantarse cada mañana, exponiendo la inutilidad de la vida y demostrando irrefutablemente que cada paso que se da fuera de la cama es un esfuerzo inútil por llevar una existencia sin sentido ni posibilidades.
El estado natural de un gandul es una fuerte depresión, por supuesto todo aquel que no es gandul no lo nota pero la pereza nunca es otra cosa que falta de deseo combinado con unas muy poderosas ganas de no perder aquel estado de comodidad en el cual tu mente puede pensar tanto y tan claramente que bien podría descifrar el secreto mejor guardado en el universo o simplemente pensar tan poco y tan elevadamente que podrías jurar que tu mente y tu cuerpo se desconectaron por unos momentos dejándote encontrar la verdadera tranquilidad.
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